Discos duros veloces

SSD, no S(olo) S(on) D(iscos)

El SSD

Aunque ya hace bastante tiempo que existen los dispositivos SSD y cada vez más se abren camino en el mercado, aún hay mucha gente que no tiene ni idea de qué son y para qué sirven. Por eso voy a intentar aclarar algunas dudas y dar mi opinión sobre ellos sin entrar demasiado en detalles técnicos.

Como todos sabemos, guardamos toda la información digital en discos duros. Los hay de diferentes formatos, con capacidades muy variadas, desde los 500 GB hasta los asombrosos 8 TB, sin contar con configuraciones de más de un disco, y a precios relativamente baratos. A pesar de que el precio de los SSD (unidad de estado sólido) está en descenso sigue siendo superior al de los HDD (unidad de disco duro), lo que no impide que cada vez estén más presentes en los nuevos equipos y que mucha gente empiece a reemplazar los antiguos discos duros por estos nuevos dispositivos. Pero, ¿a qué se debe?

La velocidad

Llegados a este punto es necesario explicar algunas cosas técnicas. Mientras que un disco duro guarda la información en unos platillos que giran a toda velocidad mediante unas agujas parecidas a la de un tocadiscos, un SSD lo hace simplemente haciendo pasar electricidad a través de unos circuitos con memorias como las de un Pendrive.

Estas memorias determinan la capacidad (bastante inferior con respecto a los HDD) y la velocidad, siendo esta última muy superior a la de un disco duro convencional.

La fragmentación

La velocidad no lo es todo, existen otros factores que lo posicionan por encima de los clásicos HDD. La fragmentación es uno de ellos.

Cuando almacenamos un archivo, este es dividido en trozos de menor tamaño, y no siempre es posible colocar todos los trozos juntos. En un HDD para recuperar todos los trozos y abrir el archivo es necesario hacer girar los platillos y mover las agujas que, dependiendo de lo dispersos que estén los trozos, tardarán más o menos tiempo en completar este proceso. Sin embargo en un SSD se tarda el mismo tiempo en acceder a cada trozo, independientemente de lo separados que se encuentren. Esto hace completamente innecesario (y desaconsejable) realizar una desfragmentación cada cierto tiempo como suele pasar con un HDD.

La temperatura

Los SSD, al carecer de componentes mecánicos que tienen rozadura y fricción, mantienen una temperatura ligeramente inferior dentro del dispositivo; esto hace que el resto de componentes dentro del equipo, sobre todo en equipos portátiles, disminuyan su temperatura y sufran menos.

Daño por vibración o golpes

En un equipo de sobremesa es menos frecuente pero una avería bastante común en un portátil es el daño parcial del disco duro producido por movimientos bruscos o golpes. Al golpear el equipo las agujas del interior del HDD pueden provocar pequeños arañazos en la superficie de los platillos causando un mal funcionamiento general. Un dispositivo SSD, de nuevo, al no tener piezas mecánicas, está exento de este problema.

Durabilidad

Pero no todo es de color de rosa. Un gran inconveniente para según cuál sea la utilidad que le demos al dispositivo es la durabilidad. Un disco duro puede durar muchos, muchos años, mientras que un SSD reduce drásticamente este tiempo. Pero tampoco hay que preocuparse, en el tiempo de uso se amortiza de sobra el precio, tampoco es que vaya a durar 2 años, todo depende de la cantidad de información que hagamos pasar por él.

Conclusión

Desde mi punto de vista, sin ser extremadamente necesario, un SSD añade una velocidad y fluidez extra en cualquier equipo por antiguo que sea. El tiempo de inicio y apagado, lo que se tarda en abrir programas, en moverse entre los datos, te parecerá volar en comparación con un HDD. Pero lo mejor es utilizarlo para almacenar el sistema operativo y aplicaciones y no utilizarlo para guardar información importante o nuestras copias de seguridad.